Un Grupo Corporativo que cuenta con un Instituto de Educación, una Consultora, un Centro de Desarrollo Social y otras unidades de servicio tenía un gran problema, a pesar del trabajo ordenado y planificado que llevaban sus Directivos y los equipos de gestión no lograban salir de los números rojos al final del año, no entendían porque si el proyecto tenía tanto alcance y cada año crecían en clientes y productos, las finanzas no concordaban con las estrategias planteadas. La mejor solución que se les ocurrió fue llamar a un tercero, a un consultor externo especializado, que venga con una mirada fresca y no viciada por lo interno, con la esperanza de que este profesional, logrará ver lo que ellos no podían y que les estaba causando problemas para llegar los resultados esperados.

Normalmente los Consultores, sin animo de generalizar, se toman un tiempo importante para diagnosticar lo que esta pasando, luego de eso le dicen a la Empresa lo que tiene que hacer, pero normalmente participan poco de la ejecución. En este caso no fue así, este Consultor, pidió no serlo, en la manera regular. Solicito que se lo presente como un trabajador más de la Institución con un rango Directivo que le permitiera tener la atención de todos, al menos en el inicio, y luego por su cuenta debía irse ganando el espacio para entender lo que estaba pasando. Así fue, el proceso empezó como un día cualquiera, con la incorporación de un nuevo miembro, esta persona no limito su espacio, por el contrario, busco permanecer con las puertas abiertas y levantarse continuamente del escritorio para aprender del día a día de la gente y del trabajo.

No pasó mucho tiempo en que los signos empezaban a evidenciarse en las distintas áreas: La Dirección estaba divorciada de la acción, una especie de Dioses del Olimpo que resolvían todo en sus reuniones cerradas, desde donde su experiencia y su mirada eran más que suficientes para lograr lo que se esperaba y por tanto existía una distancia fuertemente marcada con aquellos que realmente estaban frente al cliente y que conocían las virtudes y las debilidades de los productos. Una cultura que mostraba una dicotomía entre lo que decían ser versus lo que en realidad eran y esto aplicaba a lo interno y a lo externo. En lo interno los Directores creían tener una Organización con una identidad arraigada, cosa que era solo un sueño y en lo externo que creían que su expertis era lo único necesario para lograr los resultados sin escuchar atentamente al mercado.

Los cambios empezaron a darse, inicialmente se trabajo con la Dirección para acortar esa brecha que existía con los demás miembros de la Empresa, por su puesto algunos tuvieron que salir porque no dieron la talla para bajar del Olimpo y hacer cable a tierra, sobre todo para asumir el error y para acoger con humildad el nuevo camino y estrategia planteada, ésta se baso en las personas y en los objetivos muy bien armados y medidos.

El proceso continuo y cuando los resultados empezaron a notarse, sobre todo en la integración de las ideas, la corresponsabilidad, y la objetividad en la toma de decisiones, era el momento de agregar el factor del pensamiento de oportunidad.

En la Organización existían por ejemplo varias unidades como el centro de Educación Continua, la Consultora, y otras Empresas de servicios Empresariales, que ahora conversaban entre ellos y cuando lo hacían, el pensamiento de oportunidad surgía desde todas partes, por ejemplo: se recomendaban clientes, se presentaban como un todo y tenían más fuerza en mensaje y presencia. Empezaron a analizar las bases de datos y de repente desde los cursos que daban a los cuales asistían diferentes personas con diversos cargos, llegaron a los Gerentes de esas Empresas para vender sus productos y servicios. La mirada de la Organización ya no estaba divida, por el contrario, se dieron cuenta que pensar el uno en el otro, con reglas claras por su puesto, terminaba siendo mas rentable y conveniente para todos y además el trabajo era más fácil para todos. Ese es el pensamiento de oportunidad, mirar hacia dentro y buscar con que cuentas para lograr grandes resultados. No se basa solo en la acción de una persona, se basa en un pensamiento integrativo, que rompe esquemas, y paradigmas para unificar miradas y ejecutar planes que beneficien a todos y por tanto impacta de manera directa con los resultados y los objetivos planteados. El pensamiento de oportunidad, se rige también por la simplificación de los procesos, políticas y transmisión de la comunicación. El camino debe ser simple y claro, para lograr llegar más rápido, juntos y con la eficiencia y calidad esperada. Esta combinación de pensar en las oportunidades y de armar los esquemas de la manera más simple, logra resultados directos y tangibles en la estrategia planteada.

Finalmente para lograr el pensamiento de oportunidad en una Organización es necesario que las reglas del juego estén siempre a la altura de las exigencias, que exista un marco de justicia y transparencia para todos, que se de una sana competencia, pero ante todo se debe buscar el cooperativismo, donde no es una persona la que dirige sino un grupo que es escuchado, entendido y guiado, donde las metas no son planteadas sobre lo que creemos debe ser, sino sobre el entender muy bien a nuestro clientes y nuestro mercado. Para lograr una oportunidad, es necesario salir de la comodidad que nos vuelve lentos, nos limita en perspectivas, porque cuando lo tenemos todo, no podemos ver de lo que somos capaces de lograr. La oportunidad no es confort, es inquietud, es innovación, es reinventarse constantemente para encontrar nuevos horizontes.