Estaba un día trabajando de manera normal, un día común como cualquier otro dentro de la oficina, mucho trabajo, mucho estrés por las presiones               que implica el alcanzar los resultados y la situación propia de la economía actual que no ayuda mucho. Estaba en mi reunión con el equipo Comercial que llevo todas las semanas, donde analizamos las cifras y los pasos que tenemos que dar para lograr los objetivos trazados en la planificación estratégica que realizamos el año anterior. Es mitad de año y me han llamado desde el Corporativo que está en otro País, actualmente soy el Director General de una organización de más de 1000 colaboradores y responsabilidades bastante importantes. Me contacta el Vicepresidente Corporativo y sin saludar, como es usual, va de frente a los resultados del semestre, me dice que los indicadores se están cumpliendo y que es importante seguir en esa ruta, donde no podemos dar tregua para el descanso y que debemos presionar todo lo posible a la gente para que la situación mejore a aún más y que nuestros bonos sean los esperados. Para mí fue una llamada normal y común, de hecho gran parte de mi carrera profesional la he llevado junto a este hombre, quien ha sido un modelo en la Dirección y ha llevado a conseguir grandes resultados a la compañía, así que seguí adelante y convoqué reuniones por áreas para seguir alineando los modelos y presionar todo lo que podía a los empleados para alcanzar las metas, la verdad es que nunca me detenía a pensar en las palabras del Vicepresidente, simplemente lo hacía en mi trabajo.

Mi formación fue muy buena, tengo algunos títulos, uno de Ingeniero Industrial de una Universidad Politécnica del País, y luego complete mis estudios de Ingeniería becado en una de las mejores Universidades de Estados Unidos en la parte técnica, complete mis estudios con formación en Negocios y tome un MBA y luego un Programa de Alta Dirección en Singapur y Alemania. He viajado mucho por el Mundo, he estado en las mejores Plantas de producción de Alimentos que es nuestro negocio, conozco las mejores herramientas en Dirección, Estrategia e Implementación y mis resultados siempre han sido los mejores, me contaba Mark (nombre protegido) en las sesiones de NeuroDirección y Coaching Funcional que hemos tenido.

Como podrán observar el curriculum de Mark era impecable y no se podía decir lo contrario de sus habilidades para conseguir resultados, junto con el Vicepresidente Corporativo, eran las estrellas de la Empresa a nivel Regional pues habían logrado llevar a la cima sus productos y servicios, sin embargo; un día los resultados empezaron a cambiar, la curva de crecimiento que al inicio fue exponencial, empezó a decrecer hasta llegar a una línea recta (proyectivamente hablando). La Empresa cayó en un desgaste interno tanto de sus estrategias, como de su manejo y la Dirección confío todo en la experiencia de este Vicepresidente que ya antes había conseguido los resultados. En un dos por tres y sin pensarlo mucho, este Vicepresidente, empezó a hacer lo que hacía mejor; presionar y enviar el mensaje de que nadie es indispensable y que todos son reemplazables. Los resultados de esas acciones llevaron a la compañía a seguir perdiendo mercado, a tener una alta rotación y un gasto cada vez más inmanejable en marketing y activación comercial.

De repente un día llega una llamada a Mark, era  el Presidente de la Compañía; Mark quedó sorprendido, hablar con él era como hablar con un Dios del Olimpo; la gente lo conocía porque aparecía en las revistas internas de la Empresa o en las revistas comerciales dando ciertos mensajes, no era común recibir una llamada suya. Mark inmediatamente se puso a las órdenes y preguntó qué pasaba. La respuesta del Presidente a esta pregunta, lo dejó atónito “o daban un cambio de rumbo o todos se iban a quedar sin trabajo, debido a los  recientes resultados que la Empresa estaba teniendo”  le comentó además que necesitaba la ayuda de todos para implementar una nueva cultura. Mark sorprendido, no sabía qué preguntar y qué esperar, inmediatamente puso su voz en alto y sacó  a relucir su experiencia y sus estudios, su capacidad de Dirección y sus resultados habituales.  El Presidente respondió: Eso, Mark, el estilo de Dirección es justamente lo que nos está matando. Mark aún más perplejo por la respuesta, se quedó en total silencio. El Presidente asintió el silencio de Mark y le empezó a explicar: Mark, desde hace varios meses, venimos trabajando con expertos para saber qué es lo que estaba pasando desde que detectamos que los resultados no eran los esperados, cuando le pedimos al Vicepresidente Corporativo que asuma la situación, mientras los números caían, sabíamos que algo estaba muy mal y no entendíamos nada;  Nuestro producto siempre ha sido el mejor y siempre tuvimos una buena reputación de servicio, pero luego de los análisis con clientes y con los colaboradores, salió a la luz una variable que nunca tomamos en cuenta: Las Emociones.

Mark, seguía sin entender y le decía al Presidente, pero Señor Williams, si lo que más hemos hecho es controlar las emociones del personal, prácticamente no les permitimos hablar y somos nosotros los que damos las directrices, ya que ese siempre fue el estilo en esta compañía desde que yo llegué y siempre nos ha dado buenos resultados. El Presidente hizo silencio por un momento y le dijo: Mark, fue justamente el centrarnos solo en los resultados lo que nos llevó a perder de vista la cultura, las competencias de la gente, las ideas de las personas, el respeto, y todos aquellos valores básicos para la convivencia y el equilibrio organizacional. Hemos estado tan ciegos por los resultados y las utilidades, que teníamos que dejamos pasar los malos tratos, las subidas de tono; el que los Gerentes lleven sus emociones como querían, sin regularlas, ni entenderlas; lo llevamos Mark, porque yo soy el primer responsable, mira cuando tiempo ha y todo lo que ha tenido que pasar para que yo tenga esta conversación contigo.  Es tal vez, la primera vez que nos vemos las caras y conversamos como se debe. Hemos entendido, a la fuerza y luego de situaciones amargas que la buena dirección, no depende de un cúmulo de títulos y experiencia; sino que las Emociones juegan un papel transcendental y permiten llegar a un  equilibrio. De nada nos vale tener a los mejores profesionales, si no logran combinarlo con el ser personas íntegras, capaces de gestionar no solo lo que saben y son, sino también lo que sienten.

 Hemos tenido una caída, esto no debió pasar, pero gracias a Dios, los Accionistas nos han dado una segunda oportunidad, para crear una filosofía y cultura basada en el equilibrio entre la Dirección y la Emoción.  Desde ahora tendrás la compañía de un Coach especializado, porque es necesario dejarnos acompañar, escuchar, entender y renovar para recuperar no solo nuestra posición en el mercado, sino lo más importante: nuestra gente. Que nuestra Empresa no sea solo un modelo de conseguir resultados económicos, sino también resultados de colaboración, respeto, motivación y por qué no, de estar alegres con lo que hacemos.

Permíteme explicarte algo, que es un poco complicado. Desde la ciencia, la carga negativa que en estos años hemos impuesto en nuestra propia gente, generó desde la visión Neurocientifíca que el cortisol (hormona del estrés) haya llegado a los niveles máximos. Además, el miedo que inyectamos a la gente para que cumpla y la falta de compañía para entenderlos y acompañarlos se ve reflejado en un desbalance emocional a nivel grupal, donde todos se gritan, no hay un “por favor”, no existe un “gracias”, no hay espíritu colaborativo, una comunidad de personas que saben lo que tienen que hacer, pero lo hacen bien y con agrado, sin tener que imponer fuertes sanciones y un estilo Direccional de terror y persecución, y peor aún de no escuchar y de no entender.

A todos nos ha jugado una mala pasada, ni en la Universidad, ni en los grandes Programas de Alta Dirección que hemos tenido, y desde los que hemos invertido en la Empresa, jamás, que yo recuerde, hubo un espacio para nosotros, para entendernos, para cohesionarnos desde nuestros valores y nuestras emociones y este es el camino que te pido ahora Mark, que nos dejemos acompañar porque de esta aventura saldremos fortalecidos como Profesionales, pero sobre todo como Personas.

La conversación dejó a Mark sumergido en un profundo silencio, pensativo y con muchas interrogantes. Estaba claro, que el Presidente tenía razón, pero el trabajo que vendría, se convertiría en un camino largo, de mucho aprendizaje. Era hora de soltar todo aquello que no comulgaba con la nueva cultura que se estaba implementando.

En las sesiones siguientes, el Coach tuvo un arduo trabajo con Mark para cambiar los hábitos y patrones preestablecidos y sobre todo romper la dureza del ego y la soberbia, que no le permitían  reconocer el error y crecer en humildad. El resultado final se logró y la Dirección junto con la Emoción cambió todo en la Organización, pero lo más importante fue forjar Líderes Funcionales e Integrales y un Equipo que buscaba ser como ellos y donde esos Líderes se convertían poco a poco en los principales servidores, quienes dejaban sus escritorios para acompañar a su gente y que daban la confianza a los otros para aportar con ideas que les permitiera innovar para crecer.

La necesidad de regular las emociones es cada vez más necesaria en un Mundo acelerado y que no da tregua, en la medida en que conozcamos, cómo funciona el cerebro, cómo hacer crecer la inteligencia emocional, y sobre todo cómo cohesionar y leer las emociones de otros para que crezca la empatía, la asertividad, la autoestima, la proactividad, la disciplina. Una vez que aprendemos esto,  los resultados esperados serán duraderos, porque no tienen solo la variable de la razón, sino también la de la regulación de la emoción.